LA COLUMNA DE OLGUITA – JULIO

CERAMICA

María desde hace algunos años lleva el cabello corto, vestidos que le llegan más abajo de la rodilla, algunos confeccionados y otros comprados en alguna tienda de El Carmen. Sus manos son blancas y secas, tienen cayos, además de algunas imperfecciones formadas durante 25 años de incansable trabajo en dos grandes empresas de cerámica de El Carmen de Viboral.
Sentada en un sillón rojo, con tristeza en sus ojos, cuenta el amor que tuvo hacia el trabajo en la cerámica, para ella ese era el mejor trabajo del mundo. Comenzó a los catorce años, cuando apenas estaba dejando la niñez, en el momento en el que sus padres vieron que ya tenía edad de aportar con algo de dinero para mitigar la pobreza en la que estaba sumida su familia, así mejorar la calidad de vida de sus padres y de sus siete hermanos.
Buscó opciones de trabajo y decidió empezar en el mundo de la cerámica, que en ese momento estaba en apogeo, con 27 establecimientos dedicados a la producción de cerámica en El Carmen de Viboral. La primera fábrica que le abrió las puertas fue El Cóndor, de Joaquín Duque, ubicada en el sector de Campo Alegre. María a sus catorce años, caminaba día tras día desde la cabecera municipal, hasta su lugar de trabajo.
Ella no sabía hacer nada relacionado con la cerámica, sin embargo, con sus ganas de trabajar, fue aprendiendo del oficio hasta acoplarse por completo. Su labor era hacer rellenos, una tira larga de barro con las manos, para luego colocarla en los estuches, llevarla al horno y organizarla en filas para cuando se acabara de cargar tapar la puerta y atizarla.
Además de estas tareas, también aprendió a esmaltar y a desencajonar, en el momento en el que las piezas estaban listas. Aunque según afirma María, le hubiera gustado haber aprendido a decorar.
Era muy feliz en su trabajo, la relación con los demás obreros era buena, su labor le encantaba, pero algo sucedió, le informaron que por múltiples motivos la fábrica El Cóndor la iban a cerrar, este fue un momento duro para ella, porque se quedó sin empleo.
Pero no se rindió, por el contrario, comenzó a buscar trabajo en las demás empresas de cerámica, mundo que ya conocía. Fue así, como en el año de 1985 una de las empresas de cerámica le abrió las puertas, esta fue La Continental, ubicada en la vereda La Chapa, una de las empresas de cerámica más grandes de El Carmen de Viboral, fue de las únicas que logró tecnificarse para lograr sobrevivir a la competencia, especialmente de la porcelana China. Tuvo la oportunidad de exportar a Europa.
Esta tuvo una gran acogida por parte de los carmelitanos, debido a que generó un gran número de empleos. En su época de apogeo estuvo dirigida por el señor Alfonso Betancur Vargas, quien la entregó a su hijo Jairo Alonso. La empresa tuvo un horno túnel de 50 a 60 metros de largo, tornos semiautomáticos, limpiadoras, esmaltadoras y otros equipos que le dieron la posibilidad de fabricar 150.000 piezas a la semana.
La empresa por la cantidad de producción pedida, se vio obligada a programar dos turnos de trabajo. María, al entrar a la empresa, trabajó varias ocasiones en el turno de noche. Para ella era muy difícil, porque debía caminar desde su casa en el municipio, hasta La Chapa en horas en las que estaba oscuro.
Sin embargo, al igual que en El Cóndor ella se sentía muy feliz trabajando en Cerámicas Continental. Allí su labor fue distinta al anterior empleo, pero aprendió con facilidad. Se encargaba de pulir y lavar las piezas en el colado, también vaseaba el colado, otros empleados le indicaban cuando estaba la pieza para sacarla.
En el trabajo las cosas iban muy bien, pero en 1997, a sus doce años de trabajo, debido a que la empresa quebró por causas que aún no están bien claras, a María le informaron que se había quedado sin trabajo.
Para ella esta situación fue complicada, porque además de que no tenía dónde laborar, La Continental le quedó debiendo a aproximadamente 400 familias la liquidación de sus años de trabajo y algunos meses de sueldo, quedando, muchos de ellos, sumidos en la miseria. Una de estas víctimas fue María, quien considera que ese dinero jamás lo pagarán.
A pesar de los muchos bienes, inmuebles que tenían los dueños de La Continental, los trabajadores, como generalmente ocurre en Colombia, no han podido recuperar, ni recuperarán su dinero.
Luego de su trabajo en Cerámicas Continental, María a sus 40 años, no quiso volver a trabajar en fábricas de cerámicas, sino explorar nuevos horizontes. Fue ahí cuando le resultó un trabajo en una casa de familia en la que se encuentra en la actualidad, próxima a recibir su pensión de Jubilación.

Olga Lucía Pérez Molano.

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