EL MIRADOR DE ARTURO – ABRIL

¿OTRA OPORTUNIDAD PERDIDA?
Es probable que algunos lectores de esta columna encuentren repetido el tema al que me quiero referir en esta ocasión. Pero si consideramos las razones por las cuales debemos volver a él seguramente encontrarán justificado el hecho. En épocas como ésta de catástrofes “naturales” salta al escenario la necesidad de ordenar de una manera planificada la ocupación del territorio de tal manera que se prevenga al máximo la ocurrencia de dichos fenómenos y que de ocurrir, éstos no cobren la cantidad de vidas humanas que hemos sufrido.
A la justificación práctica señalada se le ha de agregar la razón legal, institucional, de que en nuestro municipio tenemos una tarea pendiente desde el año 2011, fecha en la cual se debió realizar una revisión de largo plazo de nuestro Plan Básico de Ordenamiento Territorial (PBOT), documento que recoge los instrumentos, las normas, los sueños y las proyecciones en un horizonte de 12 años, del modelo de ocupación del suelo carmelitano. Sin dejar de lado que lo que hagamos o permitamos hacer en el territorio en esos 12 años puede marcar el futuro de varias generaciones adelante, bien sea en condiciones de buen vivir o de mayor deterioro del medio natural. De ese tamaño es nuestro compromiso.
Si aún aparece muy abstracta la anotación anterior, concretémosla señalando que se trata de definir en normas precisas temas tan cercanos como: dónde podemos construir y de qué manera, en qué alturas, donde podemos ubicar un pequeño negocio, una industria; qué áreas se deben dejar para protección ambiental, qué retiros a fuentes de aguas y a otras construcciones se deben respetar y qué áreas excluyen actividad minera u otra actividad productiva o si ésta es posible con restricciones; hasta dónde queremos dejar avanzar las parcelaciones y los floricultivos a costa del suelo agropecuario; hasta dónde queremos llegar con la ocupación urbanística y cuánto puede afectar ésta la calidad de vida de los habitantes en el mediano y largo plazo en términos de disponibilidad de servicios públicos en todos los órdenes.
Como se ve, el universo de temas es complejo y la importancia máxima. La intención, por ahora, no es la de entrar a considerar los contenidos de la propuesta de PBOT que está en etapa de reconocimiento y socialización. Pero sí señalar que estamos frente a retos muy delicados por el choque entre las visiones diferentes de lo que se concibe como desarrollo. O nos dejamos avasallar por las corrientes del mercado o somos capaces de crecer de manera sostenible, respetuosa con la naturaleza y digna para la vida.
Dicho lo anterior volvamos sobre la oportunidad y la necesidad que tenemos de emprender, con toda la seriedad y la mayor dedicación esta revisión de largo plazo. La primera generación de PBOTs, que se inició con el aprobado en el año 2000 para cubrir un período de tres administraciones, llegaba hasta el 2011 (incluía una de tres años). Allí, en los dos primeros años de la anterior administración, 2011-2012, por normas, debió haberse aprobado la segunda generación de este instrumento, para los 12 años siguientes. Por razones aún no explicadas, la tarea no se hizo pero el esfuerzo de intentarlo en los años 2014-15 quedó plasmado en un proyecto construido por el Instituto de Estudios Regionales, INER, adscrito a la U. de A.
El proceso de socialización, discusión y aprobación iniciado desde finales del año pasado cuenta con los documentos que recogen la propuesta del INER como base de discusión. Acertada sin duda la iniciativa de la administración municipal de contratar como líder del proceso al Profesional y ex alcalde de Marinilla José Luis Duque P. con experiencia en formulación de varios PBOTs en diferentes municipios del Oriente Antioqueño.
Este esfuerzo merece una medida adicional, menor en magnitud pero bien importante a la hora de redondear una faena completa: realizar una profusa labor propagandística a fin de lograr una participación ciudadana tan robusta que legitime las decisiones que allí se tomen. La sola discusión de la propuesta en el seno del Concejo Municipal no garantiza una concertación con la fuerza que otorga el concurso de los diversos grupos poblacionales, actores y dolientes directos del trascurrir de la vida en los territorios. A pesar de la resistencia del viejo modelo de democracia representativa sepultado en las normas por nuestra Constitución Política de 1991, debemos ejercer sin temor y sin reato la democracia participativa, como derecho, es cierto, pero también como deber ciudadanos.
Por fortuna en El Carmen contamos con la existencia de organizaciones sociales de todo tipo: poblacionales, culturales, de género, de actividades productivas, cívicas, gremiales. Entre ellas hay liderazgos importantes. Por eso mismo extraña observar cómo a la hora de la participación, en momentos tan determinantes para la vida municipal, sea tan precaria la convocatoria obtenida. Y ni qué decir de los comentaristas de corrillo, de lo bueno y de lo malo que pasa en nuestro municipio. Abundan en el medio. Deberíamos poner todas esas energías en el escenario que es, en el momento que es y éste es el momento, apreciados coterráneos. No es después de que unos pocos decidan o propongan cuando salgamos a despotricar por el estado de las cosas a nuestro alrededor.
La administración debe ser capaz, lo creo, de convocar a todo el variopinto paisaje social carmelitano para que abordemos juntos la construcción de un territorio vivo y ordenado, escenario de la actividad de esta sociedad que cuando se le ha retado ha sabido salir en defensa de su hábitat pero que hoy por hoy cuenta con un déficit de participación protuberante.
Estamos pues en el momento oportuno desde lo legal, desde lo institucional, desde las condiciones académicas y de experiencias de quienes han venido participando, a pesar de que faltan actores bien importantes de la vida carmelitana. No desaprovechemos esta gran oportunidad. Las futuras generaciones no nos lo perdonarían.
Adenda: La convocatoria a las reuniones de discusión del proyecto de PBOT es abierta y su programación se puede conocer en la Secretaría de Planeación Municipal.
Arturo Montoya Ramírez
Medellín, abril de 2017

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