EL MIRADOR DE ARTURO- JUNIO

Porqué un foro sobre la economía de El Carmen

Alrededor de una tradición, de una cultura, de un plan de estudio, de una afición, se van moldeando proyectos de vida, sueños de una niñez y de una juventud que reclaman su espacio el mundo.
Decir que la humanidad necesita de la actividad productiva para garantizar su supervivencia es, desde luego, una obviedad. Pero tratar de explicar por qué unas sociedades son más exitosas que otras en lograr, no solo su supervivencia sino alcanzar niveles de vida superiores, sí que es una tarea compleja.
Sin pretensiones de abordar ese ambicioso ejercicio digamos simplemente que nuestra obligación como miembros responsables de un grupo humano importante, como lo es la sociedad carmelitana, debemos tratar de lograr un diagnóstico de nuestras circunstancias históricas y de las condiciones en que hemos venido realizando las actividades productivas, evaluar sus resultados y señalar los correctivos o los cambios de rumbo para mejorar nuestro desempeño en términos de incluir a más ciudadanos en proyectos de vida exitosos y la realización de los sueños de cada quien.
Seguramente tenemos como sociedad una larga lista de razones y de factores adversos para explicar el sinnúmero de carencias que nos ubican por debajo de logros alcanzados por nuestros vecinos del altiplano oriental, algo secundario en realidad, pero que a nuestro interior nos dejan con grandes déficits en calidad de vida para muchos conciudadanos, lo que sí es de verdad preocupante.
Las sociedades deben propender por una actividad productiva robusta que genere las condiciones favorables a una buena calidad de vida de sus asociados. Nuestra juventud se prepara con la esperanza de obtener un empleo digno. El empleo, aparte de la satisfacción personal, genera unos ingresos que hacen posible la satisfacción de necesidades y el cumplimiento de metas importantes. Y al contrario, la falta de empleo desata una cadena de efectos negativos que amenazan la estabilidad de la sociedad misma. Una sociedad como la colombiana que se acostumbró a manejar cifras de informalidad en el “empleo” que rondan el 50%, que sumada a una de desempleo abierto del 10% que arrojan los modelos de medición favorables a la imagen del gobernante, una sociedad así, está caminando sobre un campo minado pues de la informalidad a la ilegalidad y a la delincuencia sólo hay un paso para muchos de nuestro jóvenes y niños.
Tenemos unas complejidades que nos obligan a ser asertivos a la hora de diagnosticar nuestro aparato productivo para poder dar con las respuestas adecuadas al desafío del buen suceso como sociedad. Hoy no tenemos la misma actividad ceramista de las proporciones del pasado; no tenemos otros establecimientos industriales que la hayan reemplazado en ocupación de mano de obra aparte de los floricultivos que arrastran déficits en lo laboral, lo ambiental y lo impositivo; tenemos un sector agropecuario compitiendo con el del primer mundo, subsidiado por sus estados, y en un forcejeo con el sector inmobiliario que encuentra en legislaciones cómplices la manera de hacerse a sus tierras para la especulación; tenemos una febril actividad constructiva que genera preguntas sobre el balance entre sus beneficios parciales y sus crecientes demandas de espacio, de equipamiento y de servicios por parte de los nuevos moradores; tenemos una proliferación de establecimientos de comercio de todo tipo compitiendo entre sí por los mismos compradores y respondiendo en muchos casos a un refugio frente al desempleo. En fin, muchas amenazas y muchos retos.
Tengamos presente que alrededor de una tradición, de una cultura, de un plan de estudio, de una afición, se van moldeando proyectos de vida, sueños de una niñez y de una juventud que reclaman su espacio el mundo. Son proyectos de vida que se ven aplazados, cuando no frustrados, por falta de oportunidades, de condiciones que las hagan realizables. Corresponde a la sociedad pero ante todo al estado proporcionar esas oportunidades atendiendo las demandas por los derechos fundamentales: a la vida en primer lugar pero también por los económicos, sociales, culturales y ambientales. Allí está el derecho al empleo sobre el cual cimentar los sueños propios y los de la descendencia. Ya no se trata simplemente de tener a la gente ocupada sino de darle alas. Con ellas, el vuelo será posible.
Conscientes de la responsabilidad por el futuro de una sociedad los administradores, los líderes, los ciudadanos responsables no nos podemos quedar en esta constatación sino que tenemos la obligación de enfrentar la adversidad, remover los obstáculos susceptibles de remover, aprovechar las oportunidades que sin duda las hay para lograr avances importantes que hagan posible ese bello concepto, aún no explicado, de “Buen Vivir” que trae el Plan de Desarrollo 2016-2019 de esta administración municipal.
Pues bien, para empezar a racionalizar nuestras experiencias, nuestras circunstancias de vida y las condiciones en las que producimos en este terruño, pero ante todo para que construyamos colectivamente las respuestas a los desafíos del presente y del futuro, el Consejo Territorial de Planeación, CTP, en el marco del ciclo de eventos “Conversemos sobre el Territorio” está convocando al foro “Vocación Económica de El Carmen: una construcción colectiva” para el sábado 8 de julio a las 9:00 de la mañana en el Teatro Tespys del Instituto de Cultura, con la participación de académicos especialistas, de líderes políticos, sociales y gremiales y de la comunidad interesada.
Sin duda será una buena oportunidad para encontrarnos y construir propuestas que pudieran presentarse en las discusiones del Plan Básico de Ordenamiento Territorial, PBOT, próximas a comenzar en el seno del Concejo Municipal. Lo ideal sería que los propios concejales y los más altos funcionarios de la administración municipal nos acompañaran al evento.

Arturo Montoya Ramírez
Economista
Medellín, junio de 2017

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